29 de julio de 2008

Había una vez una Goga...

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28 de julio de 2008

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Puede ser "por lo que dicen" o sólo porque es, pero he estado muy gruñona...me perdonas??

27 de julio de 2008

Chocolate de cumpleaños

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Me sentí robándole su intimidad. Mientras nosotras armábamos y desarmábamos cajones por doquier, él entró silencioso a la pieza. Su rostro denotaba melancolía. Nos miró un breve instante sin pronunciar palabra alguna. Nosotras nos miramos con aquella mirada que se lanzan los niños cuando saben que están haciendo una travesura y los han descubierto. Pero esto no era ninguna travesura y nosotras no éramos ningunas niñas. Él tampoco.

Se marchó en silencio de la habitación y volvía de vez en cuando para controlar que no botáramos nada que pudese servirle alguien en Tumbuctú.

Nos miraba en silencio y ella, como haciéndolo a propósito sin intención, comienza a hacer alarde de nuestro pecado...en su presencia.

Algo se removió en mi interior. Mi conciencia no quedaba tranquila con aquellos acontecimientos. Después de todo, por mucho que en la teoría esas cosas no son de nadie y son de "todos" (¿quiénes?) a la vez, están en su metro cuadrado. Por algo ese viejo roble no ha querido mover ni siquiera lo necesario, por algo él prefiere congelar los momentos en cajones añosos y entrar a esa pieza con la ilusión de que los años no han pasado y de que la soledad nunca ha entrado en León Prado #1074.

Nosotras sabemos que eso es mentira y queremos, abusivamente, imponer la verdad ¿Por qué tanta obstibación? si en realidad no importa que que viva el resto de los años entre cosas olvidadas y recuerdos inexistentes. Es su decisión llenar su vida con ese resto de ilusión. Tal vez le haga mejor que mirar al rededor y no ver a nadie. Por útimo los fantasmas le entregan la compañía que nosotras no podemos darle, ni ninguno de sus otros hijos pretende darle.

Tal como si fuéramos dueñas de la realidad-de su realidad-dispusimos a nuestro antojo de aquellos "cachureos" que no tenían porqué haber desafiado al tiempo de manera tan inútil.

Y él miraba en silencio el recorrido de nuestras manos, asimilando la fanfarronería que mi madre hacía de nuesro sacrilegio...porque eran objetos sagrados. Incomprensible para nuestras mentes livianas de lamentos, rencores y duelos, pero evidente para su alma cansada de tanto camino recorrido.

No conformes con ello, ella decide continuar "limpiando" los juguetes que descansan sobre el closet cubiertos con un plástico transparente que los ha librado de las huellas del paso de los años. Pero yo ya no podía participar más de esa herejía. Miré sus ojos absortos en la bolsa de basura y miré a mi madre. Por lo bajo le dije "con calma". Pero hizo caso omiso a mis palabras, emocionada con la idea de sacar aquello que a ella le parecía innecesario.

Hasta que él nuevamente se marchó y prefirió concentrar su mente en otra cosa. Ojos que no ven, corazón que no siente.

Y pude detener la vorágine en que se encontraba inmersa mi madre.

Era un día especial, para que arruinarlo por una agenda de 1979.

25 de julio de 2008

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...La mejor medicina...

Sorpresa!

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Turín!

Con todo el amor del mundo...todo el ánimo !!!!!!!!!







¡¡¡¡Qué te recuperes pronto!!!!
...si nececitas enfermera...
;)

23 de julio de 2008

-cordura+abandono=locura (del griego psicosis)

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Ni la medicación, ni el encierro, ni la soledad, los despoja de sus recuerdos, a veces vagos, y, de los deseos de tener una vida acorde a lo que pretenden para sí mismos. Este factor es muy importante, ya que interferiría enormemente en la recuperación de los pacientes, puesto que ellos no adormecen sus sentimientos y sus recuerdos, ni lazos emocionales, sino que están permanentemente dispuestos a esa entrega, en donde un abrazo significa totalmente un “te necesito…de verdad”, un lugar donde sí existe la soledad, y deambula por largas horas en pasillos y plazas, incluso duerme y se amanece impregnada en los abrazos rancios, se acuesta en miles de camas, toma las manos y tiembla: de dolor, de angustia, de esquizofrenia, de retardos mentales, de corazones que se pintaron y se rompieron en el momento…

La Soledad ríe, abraza a su novio desde hace ocho años, apenas los ojos se divisan, nos abraza, nos cuenta que ama mucho más de su cuenta, que no juega, pero ríe, que nadie va a visitarla, pero que, sin embargo, está bien, los años han pasado y sabe que sin permiso han robado su vida, pero acá adentro todo es diferente…El amor es el AMOR, y el odio es ¡ODIO!. Es un constante oír: “Mamita!!! ¿Cuándo me va a venir a ver otra vez?”, “tengo miedo mamita… yo no sé na’ mucho…”.

Un inquebrantable ver y sentir temblores, caras desarregladas, la tristeza convertida en un ser humano abandonado, vestimentas coloridas, las manos atrás, paseos incesantes, dibujos en los pabellones, algunos amantes en las bancas y entre matorrales haciendo su amor, siestas bajo los árboles.

Hay un sol tremendo allá afuera, en cambio un frío aterrador en los largos pasillos, calcinados de promesas incumplidas, de sueños estancados, de sentimientos limitados, de sonrisas “bobas” estruendosas, de gritos escalofriantes, un hedor que transgrede los límites de las fragancias, cuerpos desnudos que se pasean como si nada…no hay cabida a pudores. Aquí, la palabra justa y necesaria es Paciencia, darse cuenta que la vida es tan impredecible, que una forma de vida puede cambiar de cualquier momento a otro, que puedes dormirte una noche y a la otra aparecer en una cama: ajena, lejos de tu cotidianeidad, apartada de los que creías que eran los tuyos, que luego de pasear una tarde en un parque, quizás de la mano de tu pareja, de tu marido, de tus padres, ¡todo! puede volcarse a nada, y quedas sumida a una eterna soledad.

Darte cuenta que finalmente eres un fantasma y que al pasar del tiempo, más indiferente lo eres para los demás, porque a nadie le importas. Ánimas por doquier.

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21 de julio de 2008

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"Vive la vida de tal manera que desees vivirla así nuevamente" (se busca al autor)


"La muerte forma parte de la vida, es la parte más importante de la vida. Los médicos, que eran muy duchos en polongar la vida, no etendían que la muerte forma parte de ella. Si no se tiene una buena vida, incluso en los momentos finales, entonces no se puede tener una buena muerte"
Elisabeth K.R.

15 de julio de 2008

Él es Mi Novio =)

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Lo conozco hace 6 años, deberíamos llevar 5 años y un poco más pololeando, pero en honor a la verdad llevamos 4 años dos meses? entre sumas y restas ya he perdido la cuenta, pero poco importa. Es simplemente mi Jose, por estos días, mi panda bombero. Porque sí, tal como ya es evidente, mi novio se hizo bombero. Un acontecimiento no menor considerando cuán aprehensiva soy, en especial, con él. Mi pensamiento catastrofal me hace temer todas las noches, pero el miedo está pasando y estoy cada día más orgullosa. Menos mal que en San Miguel hay más accidentes de tránsito que incendios-muy a su pesar-y se sienten más las sirenas de los carabineros que la de los bomberos.
Sigue siendo el hombre creativo, humilde, servicial, tierno, leal, protector, comprensivo y compañero que conocí. Ha crecido mucho desde aquel 13 de junio de 2003. Se ha puesto más conversador, menos tímido, más abierto de mente, menos gruñón y hasta se levanta temprano.
La próxima semana se titula de publicista y hasta me parece que fue ayer cuando le pregunté qué quería estudiar.
Me contagió su afán por ver películas y me enseñó a apreciar una buena fotografía. Pero debe ser uno de los pocos hombres (supongo que todos ellos publicistas) que en vez de hacer zaping, se queda observando atentamente los comerciales cuando todos los demás mortales en ese instante hacemos otra cosa.
Es igual de desordenado y sigue escribiendo todo en una pizarra, con plumón rojo y letra grande...no ha mejorado su memoria.
Cada día se parece más a un panda (ya sé...desde mi subjetivisima percepción) y aunque le sigue echando las tres cucharaditas de azúcar a cada taza de té que se toma en el día, sigue teniendo mejor salud que yo.
Aún nos reimos con las mismas tonteras y regaloneamos tardes enteras abrazados frente al televisor o a lo que sea (es sólo la excusa). Tenemos más de 20 años y él ya es lo que podríamos llamar un adulto joven, pero seguimos teniendo como primera opción para el cine las películas de pixar.
Con el tiempo hemos conciliado nuestros gustos. Ya no vamos a discotecas y hemos encontrado exposiciones que nos gusten a los dos por igual. Nos quedamos en casa disfrutando de nuestra compañía o caminamos por las calles recorridas una y mil veces de la mano, pero que siempre tienen un toque especial cuando las recorremos juntos de nuevo.
En los tiempos negros de su ausencia, su fantasma se aparecía en cada una de estas esquinas que nos han visto crecer juntos, incluso antes de conocernos, cuando yo tenía 15 y él 19.
Lo he visto pasar por todos los looks: pelo largo, corto, más corto, con chochos, liso, gordito, flaco, más flaco, blanco, tostado, de gala, enfermo, con buzos añosos, pantalones de tela, camisas, corbatas, pijama de polar...todo. Y él a mí. Me conoce tanto que cuando nos volvimos a ver luego de meses de silencio y dolor, antes de tocar mi puerta se preguntó "¿de qué color tendrá el pelo ahora?"
Hubiese sido una linda sorpresa escribirte esto el 13 o el 20 de julio, pero la inspiración no siempre coincide con el calendario. Te amo y para decirlo no necesito día ni hora.


14 de julio de 2008

"La Marioneta de Trapo", Gabriel García Márquez

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Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.

Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.

Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen. Escucharía cuando los demás hablan y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.

Dios mío si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna. Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos...

Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida... No dejaría pasar un sólo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.

A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse! A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido. Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres... He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.

He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.

Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas. Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma. Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más. Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente. Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría "te quiero" y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.

Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.

El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo.

Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles "lo siento", "perdóname", "por favor", "gracias" y todas las palabras de amor que conoces.

Nadie te recordará por tus pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos. Demuestra a tus amigos cuanto te importan.

Frases de hoy

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Para conectarse con el corazón del otro, hay que sentir paz en uno mismo primero, hay que conectarse con uno, para así conectarse con el otro, usando el intelecto al servicio del corazón oara dar paz al otro también.

La paz no es una idea, nace de la experiencia del aquí y ahora. Las ideas no llenan, es como tomar agua y no saciar la sed.

El brillo es una falsa luz.

El buda que hay en mí reconoce al buda que hay en ti (HZN)

La mente es tan engañosa que se hace pasar por el corazón.

La rabia no es ni buena ni mala, es una emoción básica y nos impulsa a la acción (qué alivio!)

Buen Viaje!

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Alguna vez fui caravanera y recorrí las localidades más apartadas de la cordillera de la cuarta región. No en vano en mi facebook figuro en el grupo "una vez Caravanero Cultural, por siempre Caravanero". Alguna vez fui comunera en un rincón olvidado del sur de Chile y conocí personas valiosísimas.

En Salamanca escuché las mejores historias de brujas que jamás volveré a oir, sentí más miedo que en toda mi vida en aquellas noches oscuras sintiendo a los espíritus que nadie escuchaba. Una tarde conversé con señora amable y regordeta que no recibía visitas desde hace treinta años, otro día hablé con la hija de una persona que había visto la procesión de brujos desde el cerro Manquehua hasta el mismo infierno. Mis ojos conocieron paisajes y rostros que nunca hubiesen imaginado conocer, mis manos tomaron manos que no pensaron tocar y mis-nuestras-actuaciones hicieron reir a personas anónimas, cuyo nombres desconozco y cuyos rostros ya olvidé, pero son personas con las que mantendremos un lazo de por vida, porque un día unió nuestros recuerdos, cambió algo en nosotros, cambió algo en nuestra historia. Esa magia que une a los actores con su público es perpetua, tangible, invisible, avasalladora. No importan los detalles que el tiempo va borrando, importa el momento, el recuerdo, la sensación de ese instante que se congeló en lo más profundo del alma de todos los que estuvieron presentes en ese momento especial, diferente, anónimo, mágico.

Sólo recuerdo ojos y sonrisas, los rostros se fueron a vivir a un lugar recóndito sin dirección. Recuerdo la voz de los niños y las tímidas palabras de los más pequeños, con quienes tanto me costaba relacionarme en aquel tiempo. Me acuerdo de estar parada cantando una canción y advertir que una pequeña y fría mano apretaba la mía sin previo aviso, o al dar media vuelta recibir un abrazo con un beso pegajoso de dulce y tierra.

Recuerdo las felicitaciones después de la obra, el estrechar la mano de esa gente de campo, con surcos en la piel de tanto trabajo y soledad, el pelo canoso, los ojos vidriosos y la sonrisa de agradecimiento. Recuerdo el sonido de los aplausos: la mejor recompensa de un artista y cuando días después un comunero me dijo que una persona del lugar le había preguntado por "Eva", mi personaje.


Con los niños me fui reconciliando en Aleucapi, mi comunidad verano. Me encantan, sólo que se me hacía difícil relacionarme con ellos, porque no tengo experiencia al respecto. Pero en Aleucapi, la nostalgia de ser caravanera pudo más y terminé el suelo, con la cara pintada y corriendo junto a los niños, como una más de ellos.

Recibí muchos dibujos que están guardados como los sagrados tesoros que son en mi cajita de los recuerdos, en la parte superior de mi closet, esquina derecha.

Comí el pescado más rico de mi vida y recibí un vaso de bebida de un improvisado anfitrión, que sin siquiera poder vernos nos abrió de par en par las puertas de su casa.

Conocí la pobreza material y espiritual en una casa en las faldas de un cerro, que nada tenía de especial para distingiuirlo de los demás. Un sitio internado en la selva fría del sur, entre barro, piedras y bosques, entre cascadas, riachuelos, moho y helechos, en el límite entre el cielo y la tierra.

Fui recibida con la más absoluta confianza por una persona que no hablaba y no sabía leer ni escribir. Nos comunicamos sólo a base de gestos que a ratos se volvpian incomprensibles. Por un segundo mis compañeros y yo sentimos desesperación, que cedió paso rápidamente a la emoción. Para poder decirnos quién era acudió a buscar en una vieja y rota carpeta de cartón, su certificado de nacimiento y el de su padre, postrado en una cama, comido por los mosquitos y una tos estremecedora. No tenía dientes, no tenía recuerdos. Ella no tenía educación, apenas tenías comida y no había agua potable. Sólo tenían un perro y un gran corazón.


En esos tiempos conocí a grandes personas e hice buenos amigos, incluso la mejor de las amigas. Crecí, me renové, me reencontré. Volví a valorar mi vida y la vida.

Puse a prueba mis estrechos límites de princesa y los ojos me brillaron más luego del regreso. Me sentí acogida y parte de un grupo maravilloso y caroñoso, del cual me sentiré parte siempre, porque esos 16 días (12 para mí) juntaron nuestros diversos caminos hasta encontrarnos en una posta en el último rincón visible de la décima región.

La risa brotaba fácil y la alegría de compartir esas experiencias nos unía. Las ganas de vivir en un país más justo unieron nuestros destinos para trabajar por una causa común. Nunca fueron reuniones de trabajo sino de amigos. No eran oblligaciones sino desafíos. No eran horas perdidas, sino tiempo compartido.

Tan sólo fue un año y creo imaginar lo que siente la gente que estuvo ahí más tiempo. Al menos en ese año alcancé a ser caravanera, comunera y parte del equipo de formación.

Algunos partimos, porque seguimos a nuestros ideales, pese a que nuestro corazón-aunque ya no digamos tanto como antes-sigue en la M6 y entrar a Casa Central nos remite a nuestras antiguas reuniones.

Gracias por permitirme vivir experiencias soñadas e inimaginables, por ampliar visión, mi mundo, por conocer a personas increíbles, por hacerme probar mis capacidades y límites, por despertar en mí las ganas de seguir trabajando por un Chile mejor, por seguir trabajando para las personas, con ellas. Gracias porque en Caravan aprendí el valor de una sonrisa y la riqueza de un momento, la plusvalía de un gesto y cuánto cuesta mirar a los ojos, pero qué bien hace!
Adiós Trabajos Voluntarios UC y que tengan un buen viaje!!

...los extraño, snif!.

12 de julio de 2008

Viraje

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En otra, menos aquí

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11 de julio de 2008

Nomeolvides

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Siempre usaba la misma bufanda fucsia, a pesar de que ropa y accesorios era lo que menos carecía. Ese día se peinó de una manera diferente: para sorprender a sus admiradores. Se puso su nuevo brillo labial y llamó a su invitado para confirmar el encuentro: 17.00 hrs. en el café de moda.

Caminaba con gracia, sabiéndose dueña de todas las miradas, encantando a quién se le pusiera por delante, sonriendo con la sincera facilidad de quien lo ha tenido todo. Conseguía todo lo que quería sólo con una mirada cómplice y una sonrisa coqueta, irresistible para cualquier persona, en especial si esa persona era hombre.

Siempre fue mimada (y lo siguió siendo hasta el fin de sus días), rodeada de lujos que no le correspondían, en honor a la verdad.

Adoraba a su padre como una Electra que se precie de tal y con su madre tenía relación difícil, no se sabe si por sentir celos del padre o por su pasado humilde, que nunca dejó de avergonzarle. Que una señorita que se codea con modelos y productores la mayor parte de su tiempo tenga una madre que haya vendido verduras en la feria, era francamente una vergüenza insoportable, impensable, imposible.

Nunca entendió bien la historia de cómo su padre, un hombre encantador, apuesto, galante, emprendedor, exitoso…y varias cosas más, se haya fijado en una mujer tan simple como su madre, aunque a decir verdad, poco le importaba.

Sí, la quería y le estaba agradecida de la vida que tenía, pero no soportaba su falta de ambición, su conformismo mezquino, su apego a lo intangible y sus consejos certeros.

Ya eran casi las 17.00 cuando cruzaba la avenida principal de la ciudad y en la plaza más cercana un hombre la reconoció a la distancia. Primero pensó que era un sueño, como tantas veces le había pasado, pero luego comprendió que era verdad y sonrío con esa facilidad de quién no tiene nada más que vida.

Llevaba tanto tiempo buscándola, llevaba tanto tiempo intentando seguirle el rastro. Ya la había visto varias veces en la vida, pero nunca la había encontrado tan hermosa como esa tarde. Se fijó que andaba con la misma bufanda fucsia.

Él jamás podría darle la vida que ella quería, a la que estaba acostumbrada y se había conformado con seguirle los pasos…tal vez un día…en una de esas…si tan sólo ella…quizás él…no. Desechó prontamente esas ideas, aunque volvían a aparecer, intrusas, en sus sueños durante las noches de invierno.

Ya sabía donde vivía, la había seguido los últimos días para saber si era o no esa su casa…su bella casa. También la había visto por esa misma ventana en varios momentos del día. Sin lugar a dudas debía ser su pieza.

Había hecho la promesa de no acercársele, pero tenía un plan mejor.

Era jardinero hace años, aprendió el oficio de su padre, a quién le enseñó su padre, a quién le enseñó su padre. Si es que existían otras opciones en la vida, nunca lo supo, pero había a aprendido a amar las flores tanto como a ella.

Y se dedicó a plantar y cuidar las mejores flores de su pequeña mansión, más llena de sueños frustrados que muebles y más grande en corazón que en tamaño.

Ella se llamaba Camila, pero como es un nombre muy común, al cumplir 18 años se lo cambió por Camille, para darle el shic francés que toda modelo debe tener.

Ya tenía 23 años y era cada día más hermosa y arrogante. A su madre no le gustaba lo mal acostumbrada que estaba a vivir entre lujos y elogios, pero siempre fue los ojos de su padre, desde el momento en que se conocieron. Aunque afortunadamente, pensaba la madre de Camila, ella no se acuerda de ese momento.

Camila estaba al frente de su espejo de cuerpo entero cuando quiso ir a observarse en su espejo de mano más cerca de la luz natural. Grande fue sorpresa al descubrir en el marco de su ventana una hermosa gerbera fucsia…exactamente el mismo fucsia de su bufanda favorita. “Qué coincidencia” pensó de inmediato, jamás sospechó que aquél nimio detalle fuese pensado con dedicada paciencia. Pensó que tenía un nuevo admirador y se emocionó ante la idea. Dejó la flor sobre su cama y siguió maquillándose.

Desde aquel día, todos los días la esperaba una flor distinta en el marco de su ventana. Incluso cuando hacían fríos glaciares o caían copiosas lluvias. Camille pensaba que su admirador secreto debía ser un hombre aventurero, que cada día la deseaba más. La idea le entusiasmaba, pero tenía tantas distracciones que lo olvidaba durante el día.

Y así se fueron sucediendo dalias, fucsias, geranios, claveles, girasoles, crisantemos, rosas, jazmines, lirios, magnolias, tulipanes, narcisos, nenúfares, nomeolvides, orquídeas, petunias y hasta nenúfares. Inclusive si la flor no era de esa estación, el jardinero se las ingeniaba con su sabiduría popular y la ayuda del conocimiento intuitivo de quien comulga a diario con la naturaleza, para hacerlas crecer y llevárselas a su amada Camila.

A veces le llevaba flores amarillas cuando la notaba levemente triste (que en realidad era “menos alegre”, porque una mujer de su estirpe no permite que la tristeza le empañe el rostro). Otras, le llevaba flores azules, para que le ayudaran a relajarse y demostrarle secretamente su cariño de fugitivo. A veces llevaba flore s de varios colores para que nada le faltara en la vida (aunque en el fondo sabía que había nacido con la estrella de la buena suerte) y cuando la notaba desinteresada le enviaba flores rojas para revivir el entusiasmo de aquel tácito lenguaje en el que se encontraban, o más bien, en que él pensaba encontrarse con ella. Camille, la bella Camille, nunca se interesó por el sagrado lenguaje de la naturaleza y jamás sospechó siquiera que cada flor y cada color significaban algo que este secreto personaje intentaba inútilmente transmitirle.

Un día el jardinero iba a colocar su clásica flor matutina afuera de la ventana de Camille, cuando se encontró con la madre de ella. Ambos se miraron con el horror de quien ve en el espejo el recuerdo más vivo del pasado que no quiere ser vuelto a mirar.

-“Prometiste que no vendrías”-dijo la madre de Camila.

-“Tranquila. Sólo vengo a dejar esto. Ella no me conoce y no lo sabrá tampoco”.

-“Por favor, ándate. Sabes que somos felices así, no tienes derecho…”

Dando una media vuelta, dejó a la mujer hablando sola y se marchó en silencio. No hay porqué repetir lo que ya se sabe. Él era el verdadero padre de Camila, pero nunca pudo darles a ella y a su madre la vida que merecían. Su mundo era el jardín y su religión la naturaleza. Fue demasiado inmaduro para asumir sus responsabilidades, y sin pensarlo dos veces se fue. Tarde se arrepintió, pues su mujer y su hija tuvieron un mejor futuro del que cualquiera de ellos hubiese imaginado jamás. Su presencia no era más que un incómodo secreto, de aquellos que estorban de por vida, que son tan secretos que ni siquiera se recuerdan.

Esa tarde Camille se dio cuenta que por primera vez no recibió flores en su ventana. Esperó hasta el día siguiente, pero nada. No había rastros de quien fuera hasta entonces su más fiel admirador. No le dio mayor importancia, ya había encontrado un novio del ambiente, de esos que a ella tanto le gustan y que sus padres tanto temen.

Esa tarde el jardinero no llegó a su trabajo y un ramo de nomeolvides quedó tirado sobre el pavimento de la ciudad.

10 de julio de 2008

¿Dónde están?

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Ayer escuché que alguien famosos (vaya a saber uno cómo se llamaba el personaje) había dicho que "castástrofe" es igual a "catastro de fe"...resultó ser ingenioso el brillante desconocido.

Hablamos de las prueba de fe y pensé que tengo fe en Dios, en el destino, en la vida, en la ley del karma y otras leyes metafísicas que rigen el Univero, tengo fe en los maestros, en el reiki, en la sanación y crecimiento por vía del amor, etc. Y de repente mi-amada-maestra pregunta "¿tienes fe en ti?" pregunta ante la cual no me quedó más que responder un silencio hacia afuera y un "ups" hacia adentro.

Meditamos en el árbol de la fe...árbol. Su gran tronco, el follaje frondoso y acogedor...me inspiró la paz y seguridad que a veceses vislumbro imposibles.

¿Cuándo dedico tiempo a mi espíritu? he hecho que el tiempo me alcance para todo, menos para lo que yo considero fundamental: mi alma...hace tanto que no nos encontramos que quizás cuando la vuelva a ver ya no la reconozca. Hace tanto que no hablamos que no recuerdo la musicalidad de su voz, aunque sí recuerdo el marcado tono punzante de sus afirmaciones, más sinceras que la misma verdad. Ya ni si quiera sé dónde se encuentra. Antes conocía incluso un atajo para vernos a escondidas de mi agenda y de mi celular. Nunca nos habían encontrado...hasta ese entonces. Tal vez se fugó junto con mi fe, se aburrieron de esperarme y se fueron en viaje hacia el eterno infinito sin mi...¿ahora cómo las encuentro?

Lo siento mucho por los "items" que sufrirán las consecuencias, pero esta situación ya no puede más. Extraño esos encuentros furtivos y escurridizos, pero inmensos. Ya pasó el tiempo de seguir sobre la marcha como si nada pasara, es tiempo de actuar y priorizar. Volver a delimitar mi radio de acción y tener en cuenta cuáles son mis objetivos fundamentales. Sin esa veleta es poco lo que puedo hacer y dar, porque si no vuelvo a econtrar ese sutil camino que me lleva hacia mí, lo que queda de mí no es sino un sucedáneo, entrenado para seguir de pie pase lo que pase y tomar un respiro sólo bajo la condición de que nadie lo vea.

La única forma desentirme es libre-por fin-es liberarme de mí misma. Busco que me ofrezcan afuera lo que en realidad necesito experimentar adentro. Creo que ya me han sacado hartas cadenas, pero aún queda uno que otro candado que me atan a todo aquello que ya no sirve más ¿por qué aún no quiero soltarme? ¡ah! por cierto olvidé mencionar que la llave la tengo yo.

Vive, siente, respira...ama.

"Es muy importante que hagais lo que de verdad os importe...sólo así podréis bendecir la vida cuando la muerte esté cerca"
Elisabeth Küber Ross

9 de julio de 2008

Ternuuraaaa!

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7 de julio de 2008

Retrato de una Saga

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>Hoy es el cumpleaños de Marcelito. La Nana anda en el cementerio ¿cuántos años tendría?”
-“Si nació el mismo año que yo, hoy hubiese cumplido 42”.

-“¿Hubiese soportado a su madre todos estos años?” (risas)

-“La tía como suegra sería terrible”.

-“Me imagino que hubiese sido un tío choro y muy cariñoso”
Tenía solo 3 años cuando falleció. “Más que un niño, parecía un ángel” solía escuchar decir en mi familia. “Era súper aviloso y despierto”, era muy especial” y ciertamente parece que no era de este mundo, o tal vez no era.

Mi mamá, a pesar de sus 3 años, recuerda el llanto de la tía Nana encerrada en el baño y la mirada de terror que se lanzaron con Ricardo, sólo 1 año mayor que ella. La tía Nana es todo un personaje en esta familia. “Es un mal necesario” decía mi abuela entre broma y verdad. Conocida tanto por su mal genio como por su buen corazón, la tía es la única a la cual recurrir en momentos de aprietos, la que siempre está dispuesta a hacer algún favor y a cuidar a todos los enfermos que ha encontrado en su camino. También es la única que se ha enemistado con todos los sobrinos en reiteradas ocasiones. Yo era la excepción hasta diciembre del año pasado. “Ni tú ni nadie entiende porqué soy como soy. Yo he sufrido mucho y siempre he estado sola”.

Es cierto. Es tristemente curioso que ella y mi abuela-su hermana-se hayan embarazado con sólo meses de diferencia y ambas hayan tenido que sufrir la temprana pérdida de su madre, hermano y uo creo que para la tía fue más difícil, porque Marcelito alcanzó a vivir 3 años con ella y se quedó sin hijo y sin marido en ese mismo instante. Ese día se firmó su sentencia de servicio y soledad. Hasta el día de hoy ella va verlo al cementerio incluso para el día de la madre. Nunca tuvo otro hijo y esa verdad ensombrece su mirada.

“Tu tata quería tanto a Marcelito que incluso me habló de que lo adoptáramos”, me confesó mi abuela en más de una oportunidad, cuando nos sentábamos tardes enteras, ella a hablarme del pasado y yo a escucharla atentamente. Al parecer, se llevaba bien con todos los primos y en sus cortos años se paseó por las casas de toda la familia. La tía trabajaba todo el día y su padre se hizo famoso en el árbol genealógico por figurar durmiendo, muy piernas arriba, en el velorio de su propio hijo. La más triste leyenda de la saga familiar.No sé si será porque el recuerdo vuelve difusa la experiencia o porque es la pura y santa verdad, pero todos me han dicho que ese niño era un angelito, que era un niño tan especial que no merecía vivir en este planeta que a diario se cae a pedazos.

Creo que sería un buen padre, un tío cariñoso y juguetón, que intentaría unir a la familia y sacar a pasear a los niños. Tal vez sería el único tío con el mantendría un vínculo, y sus hijos serían los únicos primos con los que tendría una relación normal. Sería un hombre de familia, trabajador y esforzado. Se hubiese mantenido cerca de mi tata y hubiese llorado amargamente junto a nosotros la partida de mi abue. Sería un hombre apuesto y respetado, amado por su mujer y adorado por sus hijos. El mejor amigo en el trabajo y hasta el “empleado del mes”.

Todas esas incógnitas quedarán suspendidas en el misterio, tal vez algunas reaparezcan cuando alguien más se atreva a abrir esa dolorosa herida del pasado. Tal vez esas respuestas se difuminen en ese espacio intangible que sólo conocen mi tía Nana y su hijo. Sólo ella ha permanecido constantemente con esas dudas en su corazón. Sólo ella recuerda, cada vez que ve a sus sobrinos con hijos, que jamás será abuela , que sólo puede compartir con “familias ajenas” como dice ella, sintiendo siempre que no tiene un lugar propio ni nadie que le vaya a dejar flores al cementerio cuando se muera.

Quizás esas voces que ella y la señora María suelen escuchar en la antigua casa del tata no sean espíritus, sino los recuerdos que gritan para no ser olvidados en el silencio.

Marcelito es sólo uno de los capítulos de la historia de mi familia, que sino fuera por mi abuela no conocería. Sólo ella pudo abrir las puertas del pasado e invitarme a observar, tal vez porque sabía que si ella no lo hacía, no lo haría nadie. Y lo hizo justo a tiempo, antes de que el silencio se instalara como un integrante más de la casa. Por eso “La Casa de los Espíritus” es mi libro favorito entre los favoritos, porque es una historia viva, mágica y real. Alba es tan nieta como yo. Acá ya no hay mesa de tres patas, pero sí hay brujos curanderos; no hay exilio, pero hay distancia; no hay pelo verde, pero sí suficiente imaginación para inventarlo.

Tenemos una tía esquizofrénica, que cuenta la historia, se trastornó al ver a su madre sufrir las consecuencias de la guija. Siguiendo sus pasos, ella se dedicó al espiritismo, y según los testigos, un alma en pena se le metió en el vientre y trastornó a su hija también. Una cadena de mujeres locas destinadas a la oscuridad. Otra tía que vivió en mi casa, también hacía espiritismo. Mi abuela decía que una de esas ánimas la poseyó y dejó la casa cargada. No se si sabe si fue esa ánima o una depresión eterna la que la indujo a quitarse la vida en la tina del baño. Al menos en algo tenía razón mi abue: esa casa está cargada. Todos quienes vivimos ahí tuvimos que sufrir los embates de la magia negra y el dolor de la separación.

Ciertamente las mujeres de esta familia tenemos mucho que contar. Los hombres prefieren callar y ser prudentes antes de hablar de la verdad. El problema es que la separación de mi familia ha llegado a niveles altísimos y ya no hay nadie a quien contarle las historias de cuando nuestra abuela bailaba sin zapatos en los salones y el tata era un motoquero libre y rebelde.

Nadie se interesa por saber las pasiones y secretos que contiene nuestra historia, cómo el vicio del juego y el alcohol acabaron con más de un padre y abuelo. No hay nadie que quiera escuchar, ahora de mis labios, las incontables veces que el tío Jano salvó ileso de graves accidentes gracias a Santa Teresita, ni cómo mi mamá se la ingeniaba para ir a fumar a escondidas a los 9 años al altillo.

Parece que el silencio nos gana la batalla y la desunión puede más que el olvido. Es de esperar que yo tenga hijos a quienes contarles las aventuras de mi tata escapando de un hospital porque estaba aburrido y las incontables peripecias mil tío Lucho, que partió vendiendo bolsas plásticas y hoy es gerente de finanzas de una importante empresa.

Es de esperar que todo el esfuerzo y el cariño que puso mi abuela en contarme la historia de su familia y la de mi tata no se pierdan, para que al menos tengamos claro, que aunque no lo parezca, tenemos una historia que nos une.

3 de julio de 2008

Silencio y un café

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Lo real y lo imposible.
Hojas de otoño descubiertas en el tiempo, flotando en la nada.
Incertidumbre total, descarga inconsolable.
Movimientos sin sentido…todo es irreal.

Esperando en vano esas-aquéllas-palabras.
Entiéndelo, por más que las esperes, no van a llegar.
Hace frío, está nublado. Tu café más que humeante, parece que te sumerge en ese sin fín de ensoñaciones estúpidas que te hacen perder el tiempo más de la cuenta.
Sólo déjalo, déjalo ya.
Terminas de leer la última página del periódico, tu única compañía en aquella hermosa y solitaria mesa. Sin desmerecer al selecto café, pero al menos el diario habla. Algo es algo.

¿Te das cuenta cuánto tiempo llevas ahí sentada, mirando a la gente vivir?
¿Te has dado cuenta cuántas cosas has perdido por perseguir imposibles?
¿Has advertido que respiras?
¿Has pensado en qué pasaría si esto no tuviera más remedio que lo innombrable?

Y aún así es imposible. Recuerda la angustia ensordecedora de buen juicio ¿no es acaso ahí donde está la respuesta que tanto buscas?

Eres lo que eres, no hay más que esto…esa es tu condena.



Y ahora es bombero

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