Uno de todos los temas que tengo con mi madre, es la eterna pelea para que ella valide las cosas que me pasan. Desde chica he sido tildada de "muy sensible", "intensa", "exagerada" y toda la vida he escuchado frases como: "es que no puedes sentir eso", "cualquiera diría que...", "las cosas son así y punto", "todo el mundo sabe que....", etc. Esas frases siempre van acompañadas de una risa sincera, que prefiero tomar como irónica.
Tal vez por eso, si bien a nadie le gusta que lo juzguen, a mí me descompone. Nadie tiene el derecho de juzgar lo que siento o lo que pienso, sólo podemos reconocer el desacuerdo.
Estoy aburrida de la intolerancia. Yo también tengo puntos de inflexión, hay temas en los que me cuesta ser tolerante. Claramente, no voy a cambiar de opinión, pero el desacuerdo no lo tomo como algo personal. Quizás fue la enseñanza que saqué de haber estudiado en la Católica, o el haber estado en TVUC con gente muy diversa, o incluso en Colmena misma (con el agravante de tener que encontrar un acuerdo por obligación) o el trabajar con personas a las que tengo que ayudar aunque no me guste su sistema, o el estar en CESANA y tener que trabajar en equipo. Sea lo que sea, me dejan una mala sensación las personas que no son capaces de escuchar otra opinión, aunque ni siquiera se trate de una discusión.
En este contexto, hay cosas que me sacan de mis casillas, como que una conversación termine con "me da risa tu opinión" y esa sincera risa que prefiero sentir como irónica. Por eso con el tiempo he optado por callar lo que pienso en la mayoría de los contextos, porque no me gusta que me juzguen por lo que siento. Incluso con personas cercanas, porque más doloroso me resulta que las personas cercanas se tomen de modo personal las diferencias de opinión. Aunque reconozco que me gustaría tener algún contexto libre y sin censura para poder decir lo que pienso. A veces puede ser este blog, pero sólo a veces.
Cuando me siento juzgada, vuelvo a mi ostrita, de la que siento que nunca debí haber salido. Si vengo recién conociendo a alguien, es la excusa perfecta para decir adiós. Soy lo suficientemente autocrítica como para que alguien más me diga en lo que "estoy mal". Trato de llevar la conversación como eso, una conversación. Pero cuando comienzan los cuestionamientos a mi forma de ver las cosas, se me acaba la buena onda.
También sé que hay muchos temas que no manejo, y es que no tengo el mismo interés por todas las cosas, como para dedicar tiempo a informarme acerca de todo. Menos si he aprendido que es mejor no involucrarse en discusiones. No me interesa competir en lo que no manejo, acepto que no manejo todas las variables y que mi opinión es parcial ¿cuál es el problema?
Me aburrí del mundo, de su intolerancia y su odio que sólo engendra más odio. Me aburrí de las conversaciones de sordos o de las masas (grandes o pequeñas) que sólo quieren rodearse de personas tan extremas como ellos...y eso que aborrecen la "censura de los medios", esa "censura" que es no ver en la tele lo que quieren que salga. Porque si saliera sólo lo que ellos quieren y no lo que dicen sus detractores, entonces seguramente le llamarían libertad de expresión.