“Alba Satigny Trueba” era el nombre de la nieta. Ella me hizo sentir comprendida y me ayudó a conocerme un poco más. El personaje caló hondo en mí por varias razones: su historia familiar era muy similar a la mía, incluso la forma de ser. Ahora que ya no lo leo con los mismos ojos de niña, me doy cuenta que dentro de mi vida, el rol más importante y duradero lo he tenido como nieta, más que como cualquier otra cosa, me “defino” y me “caracterizo” como nieta, quizás por este motivo sentí algo simbiótico entre Alba y yo.
La historia de la familia Trueba se me transformó de pronto en la historia de la familia Reyes, pero mucho más mágica y sobrenatural, como si alguien hubiese querido hacer un cuento de nosotros y a partir de ese momento, todo cambió.
La “casa” es símbolo de hogar, de familia, de calor, da la idea de harta gente unida por el cariño y lazos sanguíneos. La historia habla precisamente de la historia de una familia: la familia Trueba. Hasta ahí, creo que la interpretación no sufre alteraciones.
Ahora, la parte referente a “los espíritus” ha cambiado un poco. Cuando niña, pensé que se refería a las ánimas que habitaban la casa, producto de que la abuela practicaba espiritismo en la mesa de tres patas. Ahora que lo pienso mejor, los espíritus pueden referirse a las almas o huellas que dejaron las personas que antaño habitaron esa casa. Por ejemplo, los hijos que se fueron, los parientes que fallecieron, los amigos que desaparecieron, en fin…todas aquellas personas que le dieron vida a la casa y que con es pasar de los años, se fueron, dejando la casa sola, vacía, teniendo como únicos habitantes al abuelo y la nieta.
Todo el libro en sí quedó guardado en mí: los niños jugando en la casa del campo, el padre que no está, la casa de los abuelos, los juegos con los tíos, la muerte de la abuela…pero creo que el final me llegó de manera especial: el abuelo muerto junto a la nieta, quien leyendo el diario de vida de la abuela, escribe la historia que se transformó en un libro. Si no hubiese sido por eso, la historia se pierde, porque falleció el último integrante de la familia; el abuelo. Ahora queda la nieta sola, sin más compañía que su historia, un nuevo eslabón de la cadena.
En mi historia personal, la primera vez que lo leí, creía que mi abuela moriría primero que mi tata (ciertamente así fue un año más tarde) y me imaginaba cómo sería la relación entre él y yo cuando mi abuela no estuviera. Resultó que todo estaba escrito en las palabras de Isabel Allende.
Ahora tengo a mi abuelo, pero temo el día en que él también se vaya y la casa, esa tremenda casa que alguna vez albergó a una familia, se quede triste, solitaria y vacía y sea yo el eslabón para continuar la cadena.
(Trabajo sobre "La Casa de Los Espíritus, 4º medio)
Uno nunca sabe cuando va servir ser cachurera...




