Mis pantalones manchados con greda y témpera son la huella de un intenso día de trabajo. Reemplacé las botas por las zapatillas para los miércoles, porque un raspado más y pierden el poco glamour que aún les queda en los tacos.
La mamá de un paciente comentaba que habían vivido en una cancha junto a su hijo, que los únicos zapatos que tenía estaban rotos en la planta y que vendiendo ropa en la feria,a veces sacaba $1.000 en el día...en un buen día. Recordaba mi estúpida frustración por ir al cine y quedarme sin plata para un café...y-honestamnete-sentí vergüenza. A. no quiere usar los lentes que le dio la JUNAEB, con marco demasiado grande para su delgado rostro y los vidrios que dejan ver claramente su importante problema a la vista. Él se niega, ella llora.
Me encontré in fraganti con la paciente que 5 minutos antes había cancelado la hora, y por esas cosas de la vida, quiere que la atienda en la mañana. Ahora los miércoles finalizarán en la oficina de Gito...una verdadera caja de pandora y una nueva incertidumbre por semana.
Javier me vuelve a escribir y no sé cómo enviar señales no verbales de "ya no tenemos temas de conversación". Me da pena, siempre tan extraño y leal en su extraña manera...¿qué cuándo lo iré a ver? ¿a casa central? ¿a derecho? mmm...tengo mis recelos al respecto. No sé si alguna vez pueda ir sin temor de encontrarme con ese antiguo amigo, no sé si efectivamente me resulta la cara de póker cuando Javier me habla de él o es tan respetuoso de la intimidad ajena, que prefiere no preguntar lo obvio. Es un fantasma que algún día o tendré que afrontar o tendré que dejar volar del todo. Al menos sólo me queda el miedo, de rabia poco, de dudas muchas.
Un saludo se queda grabado en mi mente, ahora tengo dos Bip y mañana haré la devolución que tanto me asusta.
Mientras escribo, la luna se esconde en mi ventana y esa antigua nostalgia de primavera amenaza con aparecer en cada segundo en que me quedo sola conmigo misma, en un silencio inentendible, en un espacio sin recuerdos, en un instante de nada...sólo se asoma, se va y se asoma...como la primavera, como las estaciones, como yo.
La mamá de un paciente comentaba que habían vivido en una cancha junto a su hijo, que los únicos zapatos que tenía estaban rotos en la planta y que vendiendo ropa en la feria,a veces sacaba $1.000 en el día...en un buen día. Recordaba mi estúpida frustración por ir al cine y quedarme sin plata para un café...y-honestamnete-sentí vergüenza. A. no quiere usar los lentes que le dio la JUNAEB, con marco demasiado grande para su delgado rostro y los vidrios que dejan ver claramente su importante problema a la vista. Él se niega, ella llora.
Me encontré in fraganti con la paciente que 5 minutos antes había cancelado la hora, y por esas cosas de la vida, quiere que la atienda en la mañana. Ahora los miércoles finalizarán en la oficina de Gito...una verdadera caja de pandora y una nueva incertidumbre por semana.
Javier me vuelve a escribir y no sé cómo enviar señales no verbales de "ya no tenemos temas de conversación". Me da pena, siempre tan extraño y leal en su extraña manera...¿qué cuándo lo iré a ver? ¿a casa central? ¿a derecho? mmm...tengo mis recelos al respecto. No sé si alguna vez pueda ir sin temor de encontrarme con ese antiguo amigo, no sé si efectivamente me resulta la cara de póker cuando Javier me habla de él o es tan respetuoso de la intimidad ajena, que prefiere no preguntar lo obvio. Es un fantasma que algún día o tendré que afrontar o tendré que dejar volar del todo. Al menos sólo me queda el miedo, de rabia poco, de dudas muchas.
Un saludo se queda grabado en mi mente, ahora tengo dos Bip y mañana haré la devolución que tanto me asusta.
Mientras escribo, la luna se esconde en mi ventana y esa antigua nostalgia de primavera amenaza con aparecer en cada segundo en que me quedo sola conmigo misma, en un silencio inentendible, en un espacio sin recuerdos, en un instante de nada...sólo se asoma, se va y se asoma...como la primavera, como las estaciones, como yo.














