
Una sensación extraña me acompaña últimamente, primero en el trabajo (que pensé era sólo cansancio), luego en mi mundo más cercano. Hoy me parece que son parte de lo mismo: mi problema con la sensación de falta pertenencia.
Toda la vida he buscado ser parte de algo, tener raíces en alguna parte para poder volar tranquila y segura. Perdí la sensación de conexión con mi familia (aunque está en reparaciones), no lo encontré en el colegio, no lo encontré en la U, no lo he encontrado en mi trabajo. Creí encontrarlo en trabajos voluntarios, pero pasó. Creí encontrarlo en algunas relaciones, pero pasaron. Creí buscar en una especie de "constante" algo que me ayudara a aferrarme a este mundo cambiante en el que vine a caer, algo que permaneciera intacto entre tanto cambio de contexto, relaciones, estados de ánimo, apariencias y lugares. Llegué a creer que lo único constante en mi historia era precisamente un lugar, pero luego el terremoto me entrostró la impermanencia de las cosas.
Ahora que vuelvo a sentir ese dejo de "no ser parte", como ya es habitual por estos tiempos, surgen los fantasmas de siempre. El espiral en que me encuentro se ha encargado de mostrarme últimamente todas las cosas que pensé eran parte del pasado. Broma! presente, aquí y ahora, todas las cosas que me acompañan hace años. Pero una vuelta más arriba.
Genograma, trabajo y período de transición me han hecho recordar que nada permanece intacto, que no se puede buscar afuera lo que no se siente por dentro y que no puedo cometer los mismos errores, aunque la tentación es grande...¡enorme!
Recuerdo el sueño, el miedo, esa sensación permanente de no tener un piso bajo los pies o francamente ser un corcho flotando en el océano, sensaciones que fueron tan potentes que basta mencionarlas para sentirlas en mi cuerpo. Y la verdad es que no las quiero conmigo, pero aparecen como fantasmas ante esos atisbos de sentir que no pertenezco.
Entre tantas cosas que cambian, la rutina de la semana, se me olvida un poco mi esencia y he dejado de hacer cosas por mí. Esa es una de las cosas que más recuerdo de Martín, cuando me preguntó "¿y qué haces por ti?" y no supe qué responder.
Me hace falta volver a yoga, hacerme reiki, leer mis novelas o revistas esotéricas, pintar mandalas, meditar y en medio de esas cosas, conectarme con algo superior que al menos me haga sentir parte del Universo.
Estoy más que feliz en mi mundo paralelo, pero no quiero caer en la tentación de apostar todo, incluyendo mi sentido de pertenencia y la necesidad de un refugio, a algo que también puede ser pasajero, por muy hermoso que sea. Pero sí es cierto que ya me siento parte de ese mundo, con territorio, idioma y bandera propios. Por eso me asusta más no sentirme parte de otra cosa.
En fin, basta de elucubrar teorías, es hora de práctica ¿por dónde parto?