Por una parte, tenía ganas de descansar, de estar en mi casa y levantarme a cualquier hora. Pero se me olvidó pedir estar sana para disfrutarlo.
Aprovechando el tiempo, con las pocas cosas que he podido hacer, me dediqué a hacer los recuerdos que les entregaré a mis pequeños querubines este miércoles: ahora sí, la última vez.
Pensé en un mandala para cada uno, recordé sus rostros, su personalidad, recordé sus cambios y pensé en qué le diré a cada uno cuando les entregue el regalo y me despida. Pensé en los que faltaron la semana pasada, ojalá los compañeros les hayan contado.
Más allá de las discusiones con la Anita, creo que crecí bastante, que fue una experiencia que me enseñó mucho. Recordé el primer día, cuando me pasaron las fichas y yo sólo pensaba "¿en qué momento acepté? ¿qué voy a hacer?" y partí sola a buscar a mis pequeños angelitos, que me abrieron sus brazos desde el primer día, la mayoría. Llegué llorando de frustración e impotencia, por sentirme un punto ínfimo, sin saber cómo hacer algo útil por ellos.
Frustración es quizás la palabra que más he repetido en los últimos meses. Pero he aprendido de esta amiga inseparable, que me muestra mis límites y mis recursos. Me ayuda a responder la difícil pregunta ¿qué puedo hacer yo?
Me encariñé con esas caritas, y aunque la culpa a ratos me come al recordar la reacción de algunos, sé que no podía seguir de mártir. Claramente no todo es malo, saco muchas cosas en limpio, y pese a que hay cosas que extrañaré, necesito este respiro.
Esto también me ha servido para revisar mi ritmo de vida, las cosas que quiero, las que no, cómo quiero escribir mi vida hacia adelante.
La verdad es que tengo más preguntas que respuestas, porque mis múltiples intereses y mi espíritu inquieto me hacen difícil el optar.
¿En qué me veo? el primer problema que aparece ante esta pregunta es que no me veo en una sola cosa...no! no mucho tiempo al menos. Me veo cómoda en un hospital, aunque también lo estaría en la consulta, tal vez en algunos (repito: algunos) centros SENAME, quién sabe si en la fiscalía y hasta en autocuidado (después de todo, sé más de autocuidado que de educacional al momento de entrar al colegio). El segundo pensamiento suele ser "¿cómo tan indefinida?". El tercero es "no es que sea indefinida, es que tengo muchos intereses".
Como siempre llego a las mismas conclusiones, he decidido partir al revés: saber lo que no quiero. Ya sé dos: educación y selección de personal.
La clínica igual me aburre un poco, a veces necesito de las intervenciones más focalizadas como las del hospital o más psicosociales, me siento más útil, es más práctico, concreto, tangible. Aunque la clínica tiene la gracia del proceso, de lo invisible, de "lo pequeño es hermoso", la gratificación de un isight después de 10 sesiones que cambiará el curso de la vida de esa persona, lo rico de ir conociendo a tu paciente, de ir viviendo el vínculo terapeútico y probar esos límites, usarlo en las intervenciones. El costo es la frustración, a veces la lentitud del timing de los pacientes versus la ansiedad de los padres, la terapeuta y el colegio.
Ser tu propio jefe tiene lo suyo! pero a veces se anhela un poco de estabilidad: saber a qué hora empiezas, a qué hora terminas, cuándo te pagan, cuándo atiendes, dónde. La incertidumbre tiene su cuota de libertad, pero tanto cambio de planes agota. En cierta forma, tengo la pseudo-libertad de escoger mi horario, no le rindo cuentas a nadie...pero tampoco puedo preguntar las dudas. Soy la responsable absoluta ¿Quiero algo independiente o quiero estabilidad?
¿Quiero una jornada laboral completa en un sólo lugar? ¿y yoga? ¿quiero tener un horario más flexible, pero estable? jajaja ok!
Me sigue gustando lo infanto-juvenil, lo sistémico, constructivista y gestáltico. Al menos esa es una claridad que antes no existía.
Bueno, tranquilidad ante todo. Esto recién comienza, ya he corrido bastante y no tengo necesidad de hacerlo. Esta vez, vamos paso a paso. Tal vez antes haya necesitado una experiencia de choque para partir y después decir "si hice esto, cómo no voy a poder hacer aquéllo"...en todos los ámbitos de la vida.
Pero para qué ser tan "kamikaze" si ahora puedo no serlo. Es extraño, pero me agrada, al menos por ahora, no sé cuánto me dure.
Múltiples intereses o indecisión?
Impaciencia o espíritu inquieto?
Omnipotencia o baja tolerancia a la frustración?
Aceptación o resignación?
Fluir con la vida o cobardía?
Temor o valentía?
Como tantas otras veces, no es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.
Aprovechando el tiempo, con las pocas cosas que he podido hacer, me dediqué a hacer los recuerdos que les entregaré a mis pequeños querubines este miércoles: ahora sí, la última vez.
Pensé en un mandala para cada uno, recordé sus rostros, su personalidad, recordé sus cambios y pensé en qué le diré a cada uno cuando les entregue el regalo y me despida. Pensé en los que faltaron la semana pasada, ojalá los compañeros les hayan contado.
Más allá de las discusiones con la Anita, creo que crecí bastante, que fue una experiencia que me enseñó mucho. Recordé el primer día, cuando me pasaron las fichas y yo sólo pensaba "¿en qué momento acepté? ¿qué voy a hacer?" y partí sola a buscar a mis pequeños angelitos, que me abrieron sus brazos desde el primer día, la mayoría. Llegué llorando de frustración e impotencia, por sentirme un punto ínfimo, sin saber cómo hacer algo útil por ellos.
Frustración es quizás la palabra que más he repetido en los últimos meses. Pero he aprendido de esta amiga inseparable, que me muestra mis límites y mis recursos. Me ayuda a responder la difícil pregunta ¿qué puedo hacer yo?
Me encariñé con esas caritas, y aunque la culpa a ratos me come al recordar la reacción de algunos, sé que no podía seguir de mártir. Claramente no todo es malo, saco muchas cosas en limpio, y pese a que hay cosas que extrañaré, necesito este respiro.
Esto también me ha servido para revisar mi ritmo de vida, las cosas que quiero, las que no, cómo quiero escribir mi vida hacia adelante.
La verdad es que tengo más preguntas que respuestas, porque mis múltiples intereses y mi espíritu inquieto me hacen difícil el optar.
¿En qué me veo? el primer problema que aparece ante esta pregunta es que no me veo en una sola cosa...no! no mucho tiempo al menos. Me veo cómoda en un hospital, aunque también lo estaría en la consulta, tal vez en algunos (repito: algunos) centros SENAME, quién sabe si en la fiscalía y hasta en autocuidado (después de todo, sé más de autocuidado que de educacional al momento de entrar al colegio). El segundo pensamiento suele ser "¿cómo tan indefinida?". El tercero es "no es que sea indefinida, es que tengo muchos intereses".
Como siempre llego a las mismas conclusiones, he decidido partir al revés: saber lo que no quiero. Ya sé dos: educación y selección de personal.
La clínica igual me aburre un poco, a veces necesito de las intervenciones más focalizadas como las del hospital o más psicosociales, me siento más útil, es más práctico, concreto, tangible. Aunque la clínica tiene la gracia del proceso, de lo invisible, de "lo pequeño es hermoso", la gratificación de un isight después de 10 sesiones que cambiará el curso de la vida de esa persona, lo rico de ir conociendo a tu paciente, de ir viviendo el vínculo terapeútico y probar esos límites, usarlo en las intervenciones. El costo es la frustración, a veces la lentitud del timing de los pacientes versus la ansiedad de los padres, la terapeuta y el colegio.
Ser tu propio jefe tiene lo suyo! pero a veces se anhela un poco de estabilidad: saber a qué hora empiezas, a qué hora terminas, cuándo te pagan, cuándo atiendes, dónde. La incertidumbre tiene su cuota de libertad, pero tanto cambio de planes agota. En cierta forma, tengo la pseudo-libertad de escoger mi horario, no le rindo cuentas a nadie...pero tampoco puedo preguntar las dudas. Soy la responsable absoluta ¿Quiero algo independiente o quiero estabilidad?
¿Quiero una jornada laboral completa en un sólo lugar? ¿y yoga? ¿quiero tener un horario más flexible, pero estable? jajaja ok!
Me sigue gustando lo infanto-juvenil, lo sistémico, constructivista y gestáltico. Al menos esa es una claridad que antes no existía.
Bueno, tranquilidad ante todo. Esto recién comienza, ya he corrido bastante y no tengo necesidad de hacerlo. Esta vez, vamos paso a paso. Tal vez antes haya necesitado una experiencia de choque para partir y después decir "si hice esto, cómo no voy a poder hacer aquéllo"...en todos los ámbitos de la vida.
Pero para qué ser tan "kamikaze" si ahora puedo no serlo. Es extraño, pero me agrada, al menos por ahora, no sé cuánto me dure.
Múltiples intereses o indecisión?
Impaciencia o espíritu inquieto?
Omnipotencia o baja tolerancia a la frustración?
Aceptación o resignación?
Fluir con la vida o cobardía?
Temor o valentía?
Como tantas otras veces, no es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.














